Adoración: Elevados a la presencia de Dios.

Rodrigo Cabello Jiménez

Parte del staff de Teadoramos.org, es miembro de la IEP en Rancagua, Chile.
Es parte de ministerios cristianos musicales y de evangelización

“Los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”

Juan 4:24

 En nuestros días, este es un término que se considera muy trabajado. Muchos hablan de adoración o de “alabanzas de adoración” refiriéndose a  aquellos momentos o aquellas alabanzas, que tocan nuestras conciencias y que lejos de tener ritmos o acompañamientos que lleven a una exaltación natural del cuerpo humano y del espíritu, nos conducen a un momento de meditación profunda en verdades intimas del evangelio o de nuestra vida cristiana.

Aun siendo así, es importante señalar y aun más maravilloso para nosotros meditar en que la realidad bíblica nos eleva mas allá de un sentimiento externo o personal, sino que más bien nos lleva a la misma presencia de Dios. Los adoradores que nuestro Señor Jesucristo busca y define son aquellos que le adoren "en espíritu y en verdad" (Juan 4:23-24). Podemos en base a estos versículos además darnos cuenta que nuestro Señor señala con claridad en su expresión “Mas la hora viene, y ahora es” que ese encuentro con los verdaderos adoradores, ya se estaba produciendo y que sería la regla a partir de ese tiempo, con ello podemos decir sin temor a equivocarnos que desde entonces la verdadera adoración ha sido instaurada.

Es por ello que no podemos limitar nuestras alabanzas en medio de nuestras congregaciones a solo sentimientos o letras que toquen los corazones, hay una alabanza que dice “que te pasa iglesia amada que no reaccionas solo a veces te emocionas y no acabas de cambiar”. Muchas veces puede que nos hayamos visto impulsados a decir (y creer) que “con esta alabanza hay bendición” o “esta alabanza toca el corazón” o quizás cuantas otras frases que en este momento vienen a su mente querido hermano que lee estas líneas. Pero la verdadera adoración que ha sido instaurada es superior a estos sentimientos.

 

La palabra griega que da el sentido a la palabra adorador es “proskunéo” que traducido literalmente es “postrarse en homenaje, hacer reverencia, súplica”, esto nos debe llevar a pensar que a través de nuestras alabanzas a Dios, debemos necesariamente “postrarnos ante El” ese es el camino de la verdadera adoración. Los que nos oyen serán bendecidos, sólo cuando la alabanza que entonemos adore a Dios, cuando nuestra alabanza sea para Dios, con todo nuestro ser humillado en su presencia.

Es imposible que podamos tocar por nosotros mismos o con las claves de determinadas alabanzas, el corazón de los que nos oyen y nuestras vidas mismas (somos los primeros en la adoración), llegando a una adoración real mas allá de un llanto o una exclamación, sin un clamor del Espíritu de Dios latiendo en nuestro ser, sin que nosotros mismos seamos esos adoradores que Dios busca. Si nuestros cantos no pasan de lo “bonito” o “agradable al oído” simplemente no adoran a Dios, son deleites para los que nos oyen pero de ninguna manera adoran al Dios vivo.

He aquí un punto de inflexión que divide actualmente las aguas de la música denominada cristiana. ¿Cuál es la diferencia entre una música u otra? Algunos dirán la visión ministerial, el alcance o grupo objetivo, con ello las melodías, los ritmos, los instrumentos, en fin muchos factores. Pero a la luz de esta humilde reflexión me encuentro con que hay un pregunta superior que al responder me guiara en los otros puntos ya mencionados ¿Soy un adorador? ¿Cuando canto realmente me elevo a la presencia misma de Dios?

Honestamente si no puedes responder a las anteriores interrogantes, hay temas pendientes en tu vida. Sin embargo he aquí un puerta abierta para ti, para que puedas reflexionar en que Cristo plantea una necesidad cuando señala “es necesario que adoren” Él espera tu alabanza, Él espera tu adoración, Él espera que la próxima vez en que estés parado en la iglesia para cantar o tocar un instrumento, en ese sencillo acto Él pueda observarte y no ver un cantante o músico sino a un adorador, que está de pie ante una congregación, pero se encuentra espiritualmente y plenamente rendido a sus pies.

 Para su gloria siempre.-

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